Victoria a la gallega

Cuando la gente estaba pasando las cervezas, Iago Aspas consiguió el empate con un magnífico espuelazo; un gol a la gallega: que ni sí, que ni no. El linier había levantado el banderín y tocaba decidir al VAR. La jugada se repitió varias veces, no había nada claro. Hierro manchaba su calzoncillo y algunos en el bar aprovechaban la incertidumbre para marcharse sin pagar. Al final se dio por válido el gol, y Camacho celebraba la tecnología que atacó el primer partido: “No es penalti ya lo puedan decir 9 árbitros viendo el VAR”. Pero éste, pese a ser el cuñado pueblerino que hay en todas las familias, fue el que más cordura y coherencia tuvo ayer en la retransmisión: así está el nivel.

Empezar el partido contra una Marruecos elimininada perdiendo, y más tras un error garrafal de Iniesta y Ramos, no es la mejor manera de dar una imagen de posible campeón. Aunque mucho peor imagen da al equipo De Gea en la portería: Ramos y Piqué tenían más confianza en Montoro que en este guardameta. André Iniesta, que arrastra por el campo la gloria lograda, herido en su orgullo, sacó el fútbol que aún lleva dentro y puso en funcionamiento al equipo. De una gran jugada entre Costa, Iniesta e Isco vino el empate. El malagueño y el de Lagarto son los únicos que están dando la cara en cada encuentro: si no estoy para jugar levanto la mano y pido el cambio. La selección parecía que se movía con más verticalidad, parecía buscar el espacio y probaban el golpeo desde lejos. No debemos olvidarnos de que el fin del fútbol es ganar, y el único medio es el gol.

En la segunda parte quedó claro que los visos de mejora de España habían sido un espejismo del primer tiempo. Esta forma de jugar está logrando hacer al fútbol tan aburrido como el béisbol. Entraron Aspas, Asensio y Rodrigo dándole un poco de ímpetud y ganas: salieron a morder, que es como hay que salir a todo en la vida. Ya se daba el empate por bueno, cuando los marroquíes marcaban el segundo. De Gea es un espectador de lujo, por eso creo que estaba mejor viéndolo desde la grada; además, se puede beber cerveza en los estadio: lo único que puede hacer al fútbol de la Selección divertido.

Al final nos salvó el culo Iago Aspas. Aspas, que tiene más pinta de ‘braceiro’ que de futbolista, exprime cada una de sus oportunidades. Quizá la fría Kaliningrado le recordase a Vigo, donde él se siente a gusto y donde despliega su mejor fútbol. Dicen de IA que es un tanto impuntual, de pequeño solía llegar tarde a todos sus entrenamientos: Iago es uno de esos hombres privilegiados que aún llegando tarde siempre llega a su hora. Por casualidades del destino, y del VAR, acabamos la fase de grupos como primeros, es lo único positivo que sacamos de estos tres partidos. Nos espera Rusia: “Vashe zdorovie!”.

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